Mutilación genital femenina en Colombia: un análisis desde el género, la interculturalidad y la biopolítica

Resumen

La mutilación genital femenina (MGF) es reconocida globalmente como una violación de los derechos humanos de niñas y mujeres. Aunque su presencia se concentra principalmente en África, Colombia constituye el único caso documentado en América Latina. Este artículo analiza la MGF en comunidades Embera[1] desde un enfoque de género y decolonial, integrando investigaciones recientes y el debate legislativo impulsado por la Cámara de Representantes. A partir de un análisis documental, se argumenta que la MGF en Colombia no puede entenderse únicamente como práctica cultural, sino como una forma de control sobre el cuerpo femenino inscrita en relaciones de poder históricas. Se concluye que su erradicación requiere enfoques interculturales que articulen derechos humanos y autonomía indígena.

Palabras clave: mutilación genital femenina, Colombia, Emberá, género, biopolítica, derechos humanos.

Introducción

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que implican la alteración o lesión de los órganos genitales femeninos por razones no médicas (Organización Mundial de la Salud, OMS, 2023). Esta práctica ha sido ampliamente documentada en África, donde se estima que más de 200 millones de mujeres han sido sometidas a ella (UNICEF, 2020).

En Colombia, la MGF fue visibilizada públicamente en 2007 tras la muerte de varias niñas indígenas Embera, lo que reveló la existencia de esta práctica en el país (Tovar, 2018). A partir de entonces, investigaciones periodísticas y académicas han evidenciado su persistencia en comunidades específicas, particularmente Embera Chamí y Embera Catío (Infobae, 2022).

Desde los estudios de género, la MGF puede interpretarse como una tecnología de control sobre el cuerpo femenino (Foucault, 1976/2007), que regula la sexualidad y reproduce relaciones de poder patriarcales. Este artículo propone analizar la MGF en Colombia desde una perspectiva crítica, integrando enfoques de género, interculturalidad y biopolítica.

El presente estudio se basa en un análisis cualitativo documental, que integra:

  • Literatura académica sobre mutilación genital femenina
  • Informes de organismos internacionales
  • Investigaciones periodísticas recientes
  • Documentos legislativos de la Cámara de Representantes

El enfoque metodológico es interpretativo, orientado a comprender la práctica en su contexto sociocultural y político.

Panorama en Colombia

Las investigaciones sobre la MGF en Colombia son limitadas, pero han aumentado en la última década. Estudios como el de Tovar (2018) y reportes de organizaciones internacionales coinciden en señalar que:

  • La práctica no es generalizada en el país, y no se presenta en todas las comunidades indígenas.
  • Se concentra en comunidades Embera, y se centra en algunas regiones.
  • Presenta un alto nivel de subregistro

Asimismo, investigaciones recientes han cuestionado el carácter ancestral de la mutilación genital femenina en el contexto colombiano, sugiriendo que podría tratarse de una práctica incorporada a lo largo de procesos históricos y, por tanto, susceptible de transformación (El País, 2025). En este sentido, algunos estudios señalan que su persistencia responde a la reproducción de tradiciones comunitarias, mientras que otros plantean que puede entenderse como el resultado de dinámicas de dominación cultural y procesos de colonización que han reconfigurado las prácticas corporales en estas comunidades.

Desde una perspectiva global, la mutilación genital femenina ha sido ampliamente analizada como una forma de violencia de género orientada al control del cuerpo y la sexualidad femenina. En este marco, se vincula con la reproducción de normas sociales relacionadas con la pureza, el honor y la regulación del matrimonio, configurándose como un mecanismo que perpetúa desigualdades estructurales entre hombres y mujeres (Shell-Duncan & Hernlund, 2000).

La práctica en Colombia: especificidades socioculturales y regulación del cuerpo femenino

En el contexto colombiano, la mutilación genital femenina presenta características específicas que la diferencian de otros escenarios globales y que deben ser comprendidas a la luz de sus particularidades socioculturales. Estas especificidades no solo remiten a las formas de realización de la práctica, sino también a los sentidos que adquiere dentro de las comunidades donde persiste.

En primer lugar, la literatura académica coincide en señalar que la mutilación genital femenina se practica predominantemente en edades tempranas, desde la infancia hasta la adolescencia, e incluso en algunos contextos pocos días después del nacimiento (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2023; Ayenew et al., 2023). En el caso colombiano, esta tendencia se manifiesta de manera particular, ya que la MGF se realiza principalmente en bebés o niñas en los primeros años de vida (Infobae, 2022). Esta intervención precoz no solo elimina cualquier posibilidad de consentimiento, sino que refuerza su carácter de inscripción temprana sobre el cuerpo femenino. En efecto, esta temporalidad no es menor: al situarse en una etapa previa a la construcción de la subjetividad, la práctica se configura como una forma de normalización corporal que antecede cualquier agencia individual. De este modo, la MGF puede entenderse como un mecanismo anticipado de regulación de la sexualidad y del orden de género, en tanto actúa sobre cuerpos que aún no han desarrollado capacidad de decisión ni autonomía social.

En segundo lugar, a diferencia de muchos contextos africanos donde la MGF puede estar asociada a rituales colectivos y visibles, en Colombia se desarrolla en el ámbito doméstico y privado, lo que contribuye a su invisibilización social e institucional. Esta dimensión íntima no solo dificulta su registro, sino que también la protege de la intervención externa, reforzando su reproducción intergeneracional.

En tercer lugar, los agentes de la práctica suelen ser parteras, abuelas u otras mujeres mayores de la comunidad, quienes actúan como portadoras y transmisoras de saberes tradicionales. Este elemento resulta clave para evitar lecturas simplistas: la MGF no se reproduce únicamente a través de una imposición masculina directa, sino también mediante la participación activa de mujeres que, desde su posición en la estructura social, contribuyen a la continuidad de normas de género.

Desde la teoría de la performatividad de género (Butler, 1990), estas prácticas pueden interpretarse como mecanismos mediante los cuales se producen y regulan los cuerpos femeninos en función de normas sociales específicas. En este sentido, la MGF no solo interviene físicamente el cuerpo, sino que también actúa como un dispositivo simbólico que inscribe en él expectativas sobre la sexualidad, la pureza y el rol social de las mujeres. Así, en continuidad con lo planteado en el apartado anterior, la práctica se configura como una tecnología de poder que articula dimensiones culturales, históricas y de género, y que requiere ser abordada desde enfoques críticos e interculturales.

Comparación con África: escalas, significados y regímenes de control del cuerpo femenino

La comparación entre el caso colombiano y los contextos africanos resulta fundamental para comprender tanto las particularidades locales de la mutilación genital femenina (MGF) como los elementos estructurales que atraviesan esta práctica a nivel global. Si bien existen similitudes en términos de sus efectos y su vinculación con desigualdades de género, las diferencias en su extensión, significado cultural y formas de institucionalización son significativas.

En primer lugar, la MGF en África presenta una amplia extensión geográfica y demográfica, estando documentada en más de 30 países y afectando a más de 200 millones de mujeres y niñas (UNICEF, 2020; OMS, 2023). En estos contextos, la práctica se encuentra profundamente arraigada en normas sociales y sistemas de creencias que la legitiman como un requisito para la aceptación social, el matrimonio o la pertenencia comunitaria. En contraste, en Colombia la MGF tiene un carácter localizado y no homogéneo, circunscribiéndose a ciertos grupos de la Nación Embera[2] y sin constituir una práctica generalizada a nivel nacional. Esta diferencia en escala no implica una menor relevancia, pero sí exige enfoques analíticos diferenciados.

En segundo lugar, la MGF en muchos contextos africanos se encuentra socialmente institucionalizada, en tanto forma parte de estructuras normativas que regulan la transición de las niñas hacia la adultez. En estos casos, suele estar asociada a rituales de iniciación que poseen una dimensión pública y colectiva, reforzando su legitimidad social y su carácter de práctica comunitaria (UNICEF, 2020). Por el contrario, en Colombia la MGF se desarrolla predominantemente en el ámbito privado y doméstico, careciendo de una ritualidad pública visible. Esta diferencia sugiere una reconfiguración cultural de la práctica, en la que su reproducción depende menos de ceremonias colectivas y más de dinámicas familiares e intergeneracionales, lo que contribuye a su invisibilización institucional.

En tercer lugar, se identifican diferencias en la edad de realización y en las formas de intervención. Si bien en África la MGF puede practicarse en diversas etapas de la vida desde la infancia hasta la adolescencia, en Colombia se realiza principalmente en bebés o niñas muy pequeñas, lo que intensifica su carácter de intervención temprana sobre el cuerpo (OMS, 2023). Esta temporalidad refuerza su dimensión de control preventivo de la sexualidad femenina, al actuar sobre cuerpos que aún no han desarrollado agencia social.

No obstante, más allá de estas diferencias, en ambos contextos la MGF comparte un elemento estructural central: su función como mecanismo de regulación del cuerpo y la sexualidad femenina. De acuerdo con la OMS (2023), la práctica está vinculada a normas sociales que buscan controlar la conducta sexual de las mujeres, garantizar la virginidad prematrimonial y preservar ideales de pureza y honor. En este sentido, la MGF puede analizarse como una forma de violencia de género estructural que reproduce desigualdades y limita la autonomía corporal de niñas y mujeres.

Así mismo, organismos internacionales han señalado que la persistencia de la MGF, tanto en África como en otros contextos, está asociada a factores como la presión social, la desigualdad de género y la falta de acceso a educación y servicios de salud (UNICEF, 2020). Sin embargo, también han destacado que la práctica es susceptible de cambio cuando se implementan estrategias basadas en la educación, el empoderamiento comunitario y el diálogo intercultural.

Respuesta institucional en Colombia: entre el reconocimiento legislativo y los desafíos de implementación

En los últimos años, la respuesta institucional frente a la mutilación genital femenina (MGF) en Colombia ha experimentado avances significativos, particularmente en el ámbito legislativo. La Cámara de Representantes ha desempeñado un papel central en la visibilización del problema, impulsando el Proyecto de Ley 018 de 2024[3], actualmente en trámite, orientado a la prevención, atención y erradicación de esta práctica en el país.

Este proyecto constituye un hito en el reconocimiento estatal de la MGF como una problemática de derechos humanos y salud pública. A diferencia de enfoques tradicionales centrados exclusivamente en la sanción penal, la iniciativa propone una estrategia integral que incluye programas de prevención y educación, el diseño de políticas públicas con enfoque diferencial e intercultural, y la creación de sistemas de información y registro de casos que permitan dimensionar la magnitud real del fenómeno. Este último aspecto resulta particularmente relevante en un contexto caracterizado por el subregistro, donde la práctica permanece en gran medida invisibilizada dentro de los entornos comunitarios.

Uno de los elementos más innovadores del proyecto radica en su apuesta por el diálogo intercultural como eje de intervención. Este enfoque reconoce la necesidad de construir procesos de transformación desde el interior de las comunidades, evitando imponer soluciones externas que puedan ser percibidas como formas de intervención cultural o colonial. En este sentido, la propuesta se alinea con perspectivas decoloniales que advierten sobre los riesgos de reproducir relaciones de dominación a través de políticas públicas aparentemente universalistas (Quijano, 2000).

No obstante, este enfoque también abre un campo de tensiones que resulta necesario problematizar. Por un lado, el énfasis en el diálogo y la concertación puede favorecer procesos sostenibles de cambio cultural; pero, por otro, plantea interrogantes sobre la efectividad de las medidas de protección inmediata para niñas en riesgo. La ausencia de mecanismos punitivos claros o de intervención urgente podría limitar la capacidad del Estado para actuar en situaciones donde la integridad física de las menores se encuentra comprometida.

Asimismo, persisten desafíos estructurales relacionados con la implementación territorial de las políticas propuestas. Las comunidades donde se ha identificado la MGF suelen ubicarse en regiones con limitada presencia institucional, lo que dificulta la articulación entre entidades de salud, educación y protección. A esto se suma la necesidad de fortalecer la formación intercultural del personal estatal, así como la participación activa de liderazgos indígenas en el diseño y ejecución de las estrategias.

Desde una perspectiva crítica, la respuesta institucional colombiana refleja una tensión más amplia entre la protección de los derechos humanos y el respeto a la autonomía cultural. Si bien el Proyecto de Ley 018 de 2024 representa un avance significativo en términos de reconocimiento y acción estatal, su eficacia dependerá de la capacidad de articular enfoques interculturales con mecanismos efectivos de prevención y protección.

En este sentido, la erradicación de la MGF en Colombia no puede reducirse a la promulgación de una ley, sino que requiere un proceso sostenido de transformación social, en el que el Estado, las comunidades y los distintos actores sociales participen de manera conjunta en la redefinición de prácticas que afectan profundamente la vida y el cuerpo de las niñas.

Conclusiones

El análisis de la mutilación genital femenina en Colombia permite evidenciar que esta práctica, aunque localizada y no homogénea, constituye una manifestación compleja de violencia de género que no puede ser comprendida únicamente desde el relativismo cultural. Por el contrario, su persistencia revela la articulación de múltiples dimensiones estructurales, entre ellas las desigualdades de género, los procesos históricos de dominación y las condiciones de exclusión social en las que se encuentran muchas comunidades indígenas.

A lo largo del artículo se ha mostrado que, si bien la MGF en Colombia difiere de los contextos africanos en términos de escala, ritualidad y visibilidad, comparte con estos un elemento central: el control del cuerpo y la sexualidad femenina. En este sentido, la práctica puede ser interpretada, siguiendo a Foucault (1976/2007), como una forma de regulación biopolítica que actúa sobre los cuerpos desde edades tempranas, inscribiendo en ellos normas sociales antes de la constitución de la subjetividad. Asimismo, desde la perspectiva de la performatividad de género (Butler, 1990), la MGF contribuye a la reproducción de identidades femeninas normativas, vinculadas a ideales de pureza, control y subordinación.

Por otra parte, el análisis del caso colombiano permite introducir una dimensión clave: la necesidad de problematizar la relación entre cultura y poder. En línea con los planteamientos de Quijano (2000), la práctica no puede ser entendida de manera aislada de los procesos históricos de colonialidad que han configurado las relaciones sociales y los saberes sobre el cuerpo en América Latina. Esto implica reconocer que la MGF no es simplemente una “tradición”, sino una práctica susceptible de transformación en la medida en que sus condiciones sociales y culturales también lo son.

En cuanto a la respuesta institucional, el Proyecto de Ley 018 de 2024 representa un avance significativo en el reconocimiento de la problemática y en la formulación de estrategias de intervención basadas en el enfoque intercultural. No obstante, el análisis realizado evidencia que este enfoque, aunque necesario, no está exento de tensiones. En particular, se hace evidente la dificultad de equilibrar el respeto a la autonomía cultural con la protección efectiva de los derechos de las niñas, lo que plantea desafíos importantes en términos de implementación y alcance de las políticas públicas.

En este sentido, la erradicación de la MGF en Colombia requiere no solo marcos normativos adecuados, sino también procesos sostenidos de transformación social que involucren activamente a las comunidades. Esto implica fortalecer estrategias de educación, participación y diálogo intercultural, al tiempo que se garantizan mecanismos efectivos de protección frente a situaciones de riesgo.

Finalmente, este estudio aporta a la comprensión de la MGF en América Latina al situarla en un marco analítico que integra género, biopolítica e interculturalidad. Con ello, se busca contribuir a un debate más amplio sobre las formas en que los cuerpos de las mujeres continúan siendo objeto de regulación social, y sobre la necesidad de construir respuestas que, sin reproducir formas de dominación, garanticen plenamente los derechos humanos.

Bibliografía

Ayenew, A. A., et al. (2023). Prevalence of female genital mutilation among daughters aged 0–14 years in sub-Saharan Africa. Frontiers in Reproductive Health.

Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.

El País. (2025). La Cámara de Representantes aprueba la erradicación de la mutilación genital femenina en Colombia. https://elpais.com

Foucault, M. (2007). Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. Siglo XXI. (Trabajo original publicado en 1976).

Infobae. (2022). Mutilación genital femenina en Colombia: qué pasa con esta práctica en el país. https://www.infobae.com

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2023). Mutilación genital femenina. https://www.who.int

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Revista Internacional de Ciencias Sociales, 153, 533–580.

Shell-Duncan, B., & Hernlund, Y. (2000). Female “circumcision” in Africa: Culture, controversy, and change. Lynne Rienner Publishers.

Tovar, C. (2018). Mutilación genital femenina en Colombia: aproximaciones desde la salud pública. Revista de Salud Pública, 20(3), 345–352.

UNICEF. (2020). Female genital mutilation: A global concern. https://www.unicef.org


[1] Pueblo Indígena con una población estimada de 350.000 personas, divididas en Emera katíos: que habitan la región del alto Sinú, San Jorge y Urabá, en Colombia; Embera Chamí localizados en las cordilleras de los Andes en los departamentos de Risaralda, Caldas, Antioquia de Colombia., Embera Dobidá: ubicados en el Chocó colombiano, y los Emberá Eyabida localizados en las cordilleras de los Andes colombianos Risaralda, Caldas, Antioquia.

[2] Pueblo indígena transfronterizo que habita principalmente en la región del Pacífico de Colombia(donde son uno de los grupos más numerosos), el este de Panamá y el noroeste de Ecuador. Con una población estimada de 350.000 personas, se identifican como una sola nación unida por su historia, cosmovisión y lengua, aunque con variantes territoriales y dialectales

[3] Esta ley tiene como objetivo dictar medidas para la prevención, atención y erradicación de la ablación o mutilación genital femenina en todo el territorio nacional en donde se realice, con el fin de garantizar una vida libre de violencias, así como garantizar los derechos humanos de las niñas y mujeres indígenas de la Gran Nación Emberá, desde un abordaje integral, interseccional, intercultural y comunitario. https://www.camara.gov.co/erradicacion-de-ablacion-766/

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